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domingo, 10 de febrero de 2013

GUERRA DE PRESIDENTES


M. A. BASTENIER
El País, 18 de julio de 2012
Colombia es tierra fértil en conflictos políticos, pero el actual bate varios récords. Un expresidente, Álvaro Uribe Vélez, le ha declarado la guerra al presidente en ejercicio, Juan Manuel Santos, pese a que ambos están sólidamente anclados en la derecha sociológica, el liberalismo ancestral, una excelente posición económica, y son católicos, criollos, y descendientes de españoles.

     El motivo del enfrentamiento es una presunta traición. El anterior presidente crió a sus pechos, o eso creía él, al que tenía que sucederle, y que en los últimos años de su mandato había sido su ministro de Defensa. Por ello lo presentó en 2010 al electorado como el delfín que continuaría su obra de reducción militar de la guerrilla, FARC; oposición encarnizada al chavismo; alineamiento exterior con Estados Unidos; y mimo especialísimo de las Fuerzas Armadas. Y afirma el uribismo que Santos ha engañado al elector, porque no está haciendo nada de todo aquello por lo que fue elegido. Uribe Vélez tenía un sentido tan intensamente patrimonial del cargo, como para esperar que su sucesor aplicara sus consignas, tal que fueran el catecismo del padre Ripalda.

    Santos persigue, sin embargo, a las FARC con denuedo, aunque alienta otra vía para concluir el conflicto, la aún muy distante del diálogo; ha cesado en la guerrilla política contra Venezuela para restablecer una fructífera relación económica entre ambas naciones; mantiene una excelente relación con Washington, aunque exhiba maneras de política exterior independiente como su tentativa, quizá demasiado ambiciosa, de convertir a Colombia en el centro geoestratégico de América Latina; y, reputadamente, tiene descontenta a una parte de las FF. AA.

    En lo que cabe calificar de esfuerzo de modernización del país, el presidente Santos, como el malabarista de circo, puede que haya aspirado a sostener demasiados platos en el aire al mismo tiempo, y algunos se le han caído. Ha prometido mucho y entregado relativamente poco. Y como dice el periodista Antonio Caballero: “se le empezó a venir el escaparate al suelo”. Este año se han acumulado las malas experiencias: fracaso estrepitoso con una reforma de la Justicia que en el Congreso se transformó en un ‘passe-partout’ para la impunidad de los legisladores; grave menoscabo de la seguridad ciudadana, tanto por la delincuencia común como la acción terrorista, hasta el punto de que las FARC actúan objetivamente hoy en favor del uribismo; algún fru-frú de sables; lentitud exasperante en operaciones a las que se dio muchísimo aire como la restitución de tierras; y la semana pasada, el fiasco de la visita a una comunidad indígena bajo el fuego oportunista de la guerrilla.

   Ante esa situación, Uribe plantea un asalto en toda regla al poder. Pero como es, seguramente, el ciudadano más imposibilitado por la Constitución para presentarse como candidato, necesita un alter ego, un presidente por delegación, como habría querido que fuera Santos. Y ya tiene sucedáneo medio colocado, Oscar Iván Zuluaga, del que el cruel gracejo periodístico dice que lo tiene fácil porque “de entrada ya parece un muñeco”. ¿Qué posibilidades tiene esa arremetida singular del uribismo? Daniel Samper Pizano cree que es positivo que se arme un gran partido de la derecha sobre la base del conservadurismo –‘conservatismo’ en colombiano- e importantes sectores del partido liberal, para despejar la caliginosa atmósfera política, y a Caballero le parece incluso bueno para Santos -se supone que por el contraste- contar con semejante adversario. La analista Claudia López sostiene, sin embargo, que si el presidente no obtiene pronto éxitos de gran impacto, puede resultar vulnerable a la ofensiva de su anterior jefe.

    Las aspiraciones uribistas de disponer en 2014 de un presidente por poderes las encarna un partido presentado a la afición en los salones de El Nogal, el más renombrado punto de encuentro del establecimiento bogotano, que se llama Puro Centro Democrático, salpicón de personalidades que van desde un teórico centro-izquierda hasta la derecha extrema, y entre sus voces más cualificadas se halla un prófugo de la Justicia, otro al que la Justicia ya ha alcanzado, y enjundiosos hacedores de reyes como José Obdulio Gaviria Escobar, considerado eminencia gris del expresidente. Finalmente, en un país donde política y periodismo se escriben a menudo con la misma letra, profesionales de la pluma no le habrán de faltar.
     Álvaro Uribe Vélez, convencido al parecer de que su destino y el de Colombia son inextricables, ha lanzado el mayor órdago de una carrera que fue ciertamente exitosa durante la mayor parte de sus dos mandatos únicos y consecutivos. Hasta la fecha.   

domingo, 27 de noviembre de 2011

PARA EMPEZAR, ME PRESENTARÉ - ESTA ES MI BIOGRAFÍA

Soy Miguel Ángel Bastenier, periodista graduado en la Escuela Oficial de Periodismo en 1962, licenciado en Derecho en 1963 e Historia en 1975. He trabajado en la prensa española desde 1968 a 2006, primero en Barcelona y luego en Madrid. He sido redactor de Internacional de Diario de Barcelona (desaparecido) entre 1970 y 1974; director de Tele-Expres de Barcelona (desaparecido) en el periodo 1977-78; subdirector de El Periódico de Catalunya (1978-82); y finalmente subdirector en EL PAÍS de Madrid, inicialmente encargado de la información general y más tarde, de las Relaciones Exteriores, todo ello desde 1982 hasta mi jubilación en 2006.
En la actualidad, soy columnista y editorialista del mismo diario, así como profesor de reporterismo (géneros) y Periodismo Internacional de la Escuela de Periodismo de EL PAÍS desde 1983 hasta la fecha, así como maestro de la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano (creada por Gabriel García Márquez) desde 1995.
Mi formación ha estado enfocada al periodismo internacional y he publicado cuatro libros -más algún otro que no quiero recordar- dos sobre el conflicto árabe-israelí, y otros tantos de periodismo: "El Blanco Móvil" en 2001 y "Cómo se Escribe un Periódico" en 2009, este último centrado en América Latina y basado en el curso anual de cuatro semanas que imparto en la FNPI de Cartagena de Indias, desde comienzos del siglo XXI.
En los últimos 15 años he pretendido desarrollar una cierta especialización en asuntos latinoamericanos y mi publicación más reciente en este campo ha sido El Momento Político de América Latina, obra de numerosos autores latinoamericanos editada por Rosa Conde, directora de la Fundación Carolina, y Gustavo Suárez Pertierra, director de la Real Fundación Elcano, para la que he escrito el epílogo.
Tengo, además, en mi haber numerosas publicaciones en diarios europeos y latinoamericanos, notablemente, El Espectador de Bogotá, Colombia, país del que poseo la nacionalidad concedida en 2003 por el presidente Uribe, además de la española originaria.
Paso parte del año en mi casa en la citada localidad del Caribe colombiano, lo que es perfectamente compatible con mi trabajo como colaborador del citado diario español.
Además de mi trabajo en la FNPI doy cursos y conferencias, siempre sobre periodismo o política internacional, en España y América Latina.
De no haber sido periodista -lo que me parece dedicación más que suficiente- me habría gustado ser premio Nobel de Literatura para lo que, sin embargo, Nuestro Señor no me dotó adecuadamente. Soy católico no creyente; europeísta con fe últimamente algo maltrecha; y no me cabe duda alguna de que lo único que justifica, tanto para bien como para mal, la existencia de España es algo que llamamos América Latina. Como decía un poeta francés, pese a que soy inevitablemente español, por mi origen, y colombiano de devoción, mi verdadera patria es la lengua. La castellana o española, únicos sinónimos totales que conozco.


En Cartagena de Indias