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miércoles, 19 de septiembre de 2012

DE MÉXICO A PARAGUAY


M. A. BASTENIER
 
El País, 27 de junio de 2012
 

El próximo domingo habrá nuevo presidente en México y el sábado pasado Paraguay cambió el suyo. No puede haber, sin embargo, mayor disparidad entre ambos acontecimientos; tanta como lo que separa un proceso como el mexicano, plagado de dificultades pero que avanza hacia su plena consolidación democrática, en comparación a una democracia  electoralista como la paraguaya, en la que la sorprendente elección en 2008 del exobispo, Fernando Lugo, políticamente tan inexperto como bien intencionado, sembró el pánico entre la clase política, hasta el punto de que ha creído necesario destituirlo, eso sí dentro de tan estricta legalidad como evidente ilegitimidad.

    El proceso político mexicano presenta tres grandes opciones válidas y diferenciadas. De entre ellas, es sumamente difícil que gane el PAN, representado por Josefina Vázquez Mota, porque la victoria de la candidata derechista daría al partido un tercer sexenio consecutivo, cuando el segundo, el de Felipe Calderón, está por concluir con el desastre de la guerra contra el narco y 50.000 muertes en los últimos seis años; no lo tiene más fácil Andrés Manuel López Obrador, candidato del izquierdista PRD, con sus constantes bandazos entre su enigmática invocación a una “república amorosa” y el recuerdo de la insurrección de granguiñol con que adornó su derrota ante Calderón en 2006; y, aún con  visibles carencias de aplicación y estudio, el gran favorito es Enrique Peña Nieto, del PRI, que a la fuerza hace de centro por indefinición programática de su partido, al tiempo que asume un eslogan político de  cinismo solo concebible en un  país de arraigado hispano-catolicismo: “seremos corruptos, pero sabemos gobernar”. El PRI, que durante 70 años fue lo que el sociólogo mexicano Roger Bartra calificaba de “oficina electoral centralizada para el reparto de beneficios”, ha sabido convertirse, sin embargo, en un verdadero partido, que se apoya en una coalición de gobernadores de Estado, y que, como el partido comunista en Rusia pero sin la carga del naufragio marxista-leninista, forma parte de la propia urdimbre nacional del siglo XX y de la Revolución mexicana (1910-1924).

      En Paraguay lo desconcertante fue que ganara un perfecto ‘outsider’ como el antiguo prelado. El país había conocido la longeva dictadura del general Stroessner, cuya caída sintonizó con la del comunismo europeo en 1989, y a quien sucedió una  democracia de bajísima intensidad, en la que se eternizaba en el poder el partido Colorado, que ya había dirigido el general. Con los números en la mano, Lugo no debería haber alcanzado jamás la presidencia, porque en su candidatura había de todo menos ‘luguistas’ y sí, en cambio, una mayoría de miembros del Partido Liberal Radical Auténtico, que es una de las múltiples formas que adopta la derecha de los propietarios en América Latina, y cuya principal razón para acarrear sufragios era oponerse al Coloradismo. Y aunque Lugo no haya cambiado gran cosa en una gobernación que le venía ancha como una estola, con sus propósitos bastaba. Los llamados liberales y la facción más derechista del partido Colorado, que inspira Horacio Cartes, se han aliado para juzgar en el Senado y destituir al presidente. La excusa, como en el caso del presidente hondureño Manuel Zelaya, derrocado en 2009 por un referéndum que dicen que quería convocar, en Paraguay ha sido una masacre ocurrida en el desalojo de una finca propiedad de un exsenador Colorado. Y la razón de fondo que Lugo, de nuevo comparable a la gesticulación chavista del presidente hondureño, alentaba con declaraciones poco avisadas la ‘okupación’ de fincas.

     Finalmente, el objetivo de la mayor parte de la clase política ha sido tanto en Paraguay como en Honduras, destruir al aguafiestas, pese a que unas elecciones próximas –en el caso paraguayo en 2013- habrían dirimido la disputa por el poder. Porfirio Lobo sucedió a Zelaya, normalizando con cuentagotas la situación internacional de su país, y se pretende ahora algo similar con quien, Colorado o Liberal Auténtico, trate de remplazar a Lugo el año próximo. Pero el aislamiento de los ‘golpistas legales’ en América Latina es hoy casi total.

    Los mandatos de Vicente Fox y Felipe Calderón en México, cualesquiera que hayan sido sus peores errores, han asistido a una explosión de los medios que hace virtualmente imposible -quien quiera que gane el domingo- el repliegue al tiempo de ‘la dictadura perfecta’, que dijo Vargas Llosa. En Paraguay el Estado de Derecho es, diferentemente, una flor de estufa al que no puede dar todo el calor que necesita un solo hombre, por muy episcopal que haya sido.    

   

domingo, 16 de septiembre de 2012

DESTINO: PACIFICO

M. A. BASTENIER

El País, 6 de junio de 2012
 
A comienzos del siglo pasado Theodore Roosevelt vaticinó precozmente que el Pacífico iba sustituir al Atlántico como gran mar del quehacer mundial. Pero el presidente de Estados Unidos quería decir que el Pacífico sería en ese siglo ‘norteamericano’. Su país se había anexionado Hawai y ocupado las Filipinas y otros archipiélagos españoles en la guerra de 1898, y habría de convertir Guam en su gran base aeronaval en esas aguas. Para que el Pacífico se hiciera, sin embargo, asiático tenía que despertar China. Y lo que con las turbulencias del fin de la dinastía manchú en 1911 y la proclamación de la república era impensable, está ocurriendo ante nuestro ojos.

    Hoy, en el Observatorio de Paranal, desierto chileno de Atacama, los presidentes Juan Manuel Santos de Colombia, Felipe Calderón de México, Ollanta Humala de Perú, y Sebastián Piñera de Chile firmarán el Acuerdo para la Alianza del Pacífico, que, además de proponer una profunda integración económica de esos países, toma posiciones ante las extraordinarias perspectivas de negocio, centradas en China, que el océano de Balboa ofrece. Los cuatro firmantes, que van desde un indefinido centro-izquierda (Perú) a un prudente centro derecha (los tres restantes) forman un bloque de más de 200 millones de habitantes, renta per cápita de casi 10.000 euros, un tercio del PIB de América Latina, y un 50% de su comercio exterior. ¿Pero qué China es la que aguarda?

       China, el nuevo ‘taller del mundo’ -como se denominó en el siglo XIX a Inglaterra- recibía en 2000 el 9% del comercio exterior latinoamericano,  hoy, en cambio, pasa del 20% y puede desplazar en 15 o 20 años a Europa, que aún acredita la mitad de esas transacciones. En los últimos cinco años Pekín ha concedido a América Latina créditos por más de 50.000 millones de euros, vinculados principalmente a la producción de alimentos, así como está interesado en invertir en infraestructuras para mejorar su aprovisionamiento de materias primas. El interés chino por favorecer la industrialización latinoamericana es, obviamente, nulo. En el Pacífico Sur, que en gran parte reivindica China, se calcula que hay reservas de 130.000 millones de barriles de crudo y 25 billones de metros cúbicos de gas; pero también y en gran parte por ello, se incuba una novísima Guerra Fría entre Estados Unidos y el Celeste Imperio. Hay una base de marines en Port Darwin (Australia) y el presidente Obama anunció en noviembre pasado la reorientación de los intereses exteriores de Washington –en detrimento ¿de quién, si no de Europa?- hacia el Pacífico. Y China, que botará este año su primer portaviones, reafirma  incesantemente su particular versión de la Doctrina Monroe: “China para los asiáticos. ¿Cómo se ve el mundo desde Pekín? Gírese el mapamundi hacia la izquierda para que en vez de darnos de bruces con Europa occidental, de norte a Sur, Gran Bretaña, Francia y España-Portugal, obsérvese como el centro del planeta se aloja en el palacio de verano de la capital china, allí donde mejor se percibe la ley de gravitación universal. Toda una cura para la idea eurocéntrica de la historia.

    Para los cuatro firmantes, a los que pronto se sumarán Costa Rica y Panamá, esa descubierta encierra diferentes significados que desbordan lo puramente económico. Es un primer paso hacia  la liquidación del euro-centrismo del criollato, aunque quienes vayan a darlo sean muy mayoritariamente criollos (Santos, Piñera, y Calderón). Es la suya una negociación Sur-Sur, que puede pasarse de la intervención del Norte, representado por Europa e incluso Estados Unidos, y marca una simbólica emancipación intelectual de los antiguos colonizados, no sin que el lastimoso estado de Europa provoque en algunos actores un si-es-no-es de satisfacción. En segundo término, esta orientación apunta a nuevas realidades. Brasil, que lleva años postulándose como prima donna de América Latina, puede interpretar el movimiento como un ejercicio de compensación: al gigante próximo de Brasilia se le opone otro más lejano y sin aspiraciones políticas conocidas como Pekín. En el esquema westfaliano de equilibrio entre Naciones-Estado, América Latina, pese a  las diferencias entre el grupo bolivariano, Brasil, y el resto, tiene ya unas ciertas hechuras de bloque internacional, y percibe a China como recurso y jamás amenaza.

    Por último, ese nuevo frente exterior podría facilitar la reincorporación de México, con el presidente que suceda a Calderón el próximo 1 de diciembre, a la política general iberoamericana, tras el duradero y narcótico ensimismamiento en su frontera norte. Al bloque de naciones de habla hispana le haría mucho bien ese regreso.      

     

domingo, 25 de diciembre de 2011

¿QUÉ PRI ES EL QUE VUELVE?

EL PAÍS, 13 de julio de 2011         
                                                         
M. A. BASTENIER

El PRI vuelve , aunque nunca se había ido, como demostraba su victoria en las legislativas de 2009 que le daban la mayoría en la cámara. Y hoy, tras haber ganado 12 de las 17 últimas elecciones a gobernadores de Estado, parece imparable su marcha hacia la victoria en las presidenciales de 2012. Pero ¿qué partido regresa? ¿El que fue amo de México durante casi todo el siglo XX, y se hundía en los 90 aquejado de gravísimos chanchullos electorales?; ¿o una formación renovada, cuyo candidato es un hombre sanitariamente alejado de los dinosaurios, llamado Enrique Peña Nieto?  El gran despegue del partido puede datarse del pasado 3 de julio, en que Eruviel Ávila vencía en las elecciones a gobernador del Estado de México. Peña Nieto que era el gobernador saliente y había designado a Ávila, veía el resultado como un plebiscito sobre su persona, lo que corroboraban todas las encuestas proclamándole al día siguiente gran favorito para 2012.    
    En su informe de gobierno de 2009 el presidente Felipe Calderón, -del derechista PAN- junto a advocaciones piadosas como la reforma con que alcanzar una educación de calidad, se centraba en la lucha contra el narco-crimen para reducir “una amenaza a la seguridad nacional a solo un problema policial”. Y ahí es donde le duele. Desde su toma de posesión en 2006 se han producido cerca  de 30.000 muertes relacionadas con el narco, y el hecho de que la mayoría se deba a vendettas entre cárteles no es consuelo para la ciudadanía. El político y escritor, Jorge Castañeda acusa al poder de haber despertado al león dormido en una batalla que no podía ganar porque, entre otras cosas, hay que preguntarse de qué lado está la policía. Por eso el presidente lanzó al Ejército a librar una batalla en la que parecía elefante en cacharrería. Y aunque ha habido progresos como la creación en 2009 de un ‘CSI’ para la interceptación electrónica, que permite pasar de las armas de fuego a la lucha de ‘inteligencia’, no hay candidato panista que pueda pensar seriamente en ganar el año próximo.       
     Calderón, que en 2006 había sucedido a su correligionario Vicente Fox, tenía que elegir entre dos posibles alianzas. Con el PRI, contando con sus escaños en la cámara para aprobar las reformas, o con la izquierda, el PRD, para hacer causa común en las elecciones a gobernador y tratar de evitar así una victoria tras otra del PRI. Y aunque el presidente prefería esta segunda alianza, a consecuencia de la cual el partido de Peña Nieto había perdido en los últimos dos años varias gobernaciones, acabó sin reformas y con el PRI dominando el centro del campo. Disensiones en la izquierda habían impedido que el pacto PAN-PRD se reeditara en los comicios del día 3, lo que facilitaba la victoria del sucesor de Peña en el crucial Estado de México.
    El país, ya en plena campaña electoral, no va a dejar de interrogarse durante todo el año hasta las presidenciales de 2012 sobre la personalidad del candidato priísta. Enrique Peña Nieto, de 44 años, viudo y casado en segundas nupcias con la estrella de culebrones Angélica Rivera, sería físicamente del formato Kennedy-criollo. Pero de su acumen político hay que destacar la manera en que ha sabido granjearse el apoyo de Elba Esther Gordillo, líder desde 1989 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, con un millón de afiliados, seguramente el sindicato más poderoso de América Latina, así como  colocar en marzo pasado a su hombre ligio, Humberto Moreiras en la presidencia del partido; porque en México para ganar elecciones primero hay que ganarse el partido; el que sea.
    Pero no faltan los escépticos. Jorge Zepeda, ex director de El Universal, escribía del candidato: “Difícilmente puede recordarse alguna tesis suya que no sea un lema de márketing”, empeño en el que su mano derecha es Alejandro Quintero, de TV Promo y Televisa. Y también hay quienes lo vinculan al ex presidente Carlos Salinas de Gortari, uno de los recuerdos menos agraciados del PRI, en aquel su fin de reinado.
    Con el PAN imposibilitado por la guerra al narco; el PRD dividido entre Marcelo Ebrard, el preferido del aparato, y Andrés Manuel López Obrador, derrotado por Calderón en 2006, y filo-chavista, que amenaza con romperlo todo si no es elegido candidato, como escribe Rubén Aguilar: “Peña Nieto tiene la mesa más puesta que nunca”. Aunque no se sepa qué PRI es el que representa.