domingo, 11 de diciembre de 2011

'EL PERIODISTA TRAS EL ESPEJO'


Prólogo al libro "El Periodista ante el Espejo" de Victor Núñez Jaime, de próxima aparición en México
                                          

 M. A. BASTENIER

El joven periodista mexicano Víctor Núñez Jaime ha escrito una tesis doctoral que es todo un libro en sí mismo. Y eso es noticia, porque aunque gran número de propuestas académicas, aún dentro del ámbito del periodismo, pueden ser estimables trabajos de investigación que merecen con toda seguridad ser publicados, este texto es pensado para algo más. La obra, a la vez que una semblanza dialogada de un gran periodista mexicano, Carlos Marín Martínez, en la actualidad director editorial de la cadena Milenio, y uno de los fundadores y renovadores del periodismo en el país azteca, es también una historia de ese periodismo vivida por sus protagonistas, directamente en el caso de Marín, y por inferencia de todo lo que el biografiado nos cuenta, por parte de muchos de sus colegas que en los últimos 20 o más años participaron en la aventura; y, finalmente, nos hallamos ante una apasionante reflexión del propio Marín sobre la profesión que compartimos, porque yo también soy periodista.
   La habilidad del autor estriba en que ha conseguido que el eje central de esa triple tarea –semblanza, historia y reflexión-, es decir, el propio Carlos Marín, sea quien se coloque ante el espejo, se retrate a sí mismo, y sea retratado por sus coetáneos. Núñez Jaime logra que el propio periodismo mexicano nos cuente su proceso de renovación antes, durante y después del advenimiento de la democracia, a través de sus protagonistas, como si el autor se retirara pudorosamente a un segundo plano para que los interesados tomaran la palabra. Por eso digo que Víctor, a quien conozco desde fecha reciente pero desde el primer momento me ha impresionado por su convicción, deseo de aprender, respeto a sus mayores aunque también audacia para obtener de ellos lo que pretende, ha sabido situarse al otro lado del espejo. No atravesándolo, como Alicia, sino con la mayor discreción en una teórica invisibilidad, como el periodista que nunca es protagonista de sus historias, pero mueve los hilos para que hablen y obren sus personajes.
    Núñez Jaime he llevado a cabo, por añadidura, un trabajo directamente periodístico. Primero ha hecho toda una investigación, que podemos adscribir a la categoría –o género- de perfil, centrado en la persona de Carlos Marín, una semblanza, interesante y bien construida del ‘periodista ante el espejo’, pero que ni remotamente agota el propósito del autor. A continuación, y ahí reside el nudo de la obra, el directivo de Milenio hace como si se animara a responder a todos los interrogantes suscitados por el bloque anterior, y lo hace de viva voz, como si estuviera dialogando con el propio Núñez Jaime. El género utilizado en este caso es la entrevista; un diálogo solo de respuestas porque las preguntas quedan deliberadamente en off para hacer el texto menos intrusivo, que sabe dirigirse a todo el lectorado latinoamericano –y español- interesado en el avatar de la prensa de papel, esa cuya agonía tantos predicen. Y en esas páginas tenemos a todo el periodismo mexicano contemporáneo, especialmente encarnado en un personaje rebosante de ironía, buen humor, capacidad de sorpresa, y entrega a una profesión, que también llamaré, y estoy seguro de que Carlos estaría de acuerdo conmigo, oficio. La parte final del libro, a manera de contra-entrevista, es como un eco de la anterior. Colegas de Carlos Marín completan el retrato como en un bucle que enlaza con el principio, semblanza siempre pero ahora de carácter coral. En este caso, no cabe duda de que nos hallamos ante el formato encuesta.
    Y en este punto permítaseme que haga un poco de Víctor Núñez y cuente como conocí a Carlos Marín hace algunos años, en una de esas reuniones internacionales de periodistas latinomericanos y europeos, y que nos hemos ido viendo en circunstancia similares en México y España, así como que a uno siempre le agrada encontrarse con un alma –profesionalmente- gemela, la de aquel que defiende un periodismo de respeto al lector, que nunca cierra del todo el círculo de lo narrativo porque lo que hace es ‘una obra en marcha’, sin final posible, una continuidad que parcelamos únicamente por razones de comerciales y de oportunidad cada 24 horas en lo que llamamos periódico. Conocí entonces a un periodista suspicaz, perspicaz, pertinaz y algo feroz, como creo que se está fabricando también Víctor Núñez Jaime, un joven periodista mexicano que vino un día a verme en el D. F., y con el que he seguido desde entonces en contacto. La publicación de esta obra me permite afirmar que no me arrepiento en lo más mínimo de ello.

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